Saco para silla de paseo, ¿Cúal elegir?

Puntos a tener en cuenta a la hora de elegir saco para silla de paseo

Tejido de la funda

A la hora de elegir el saco para silla de paseo es importante que el tejido corresponda a la época del año en la que estés o en la que vaya a nacer tu peque. Existen sacos de invierno y de verano, no nos vayamos a confundir y llevemos a nuestro bebé asfixiado en verano o pelado de frío en invierno 🙂

Puedes elegir entre sacos polares (protegen del viento, frío y lluvia), de algodón, guata, o de fibras sintéticas. Los polares suelen ser de diferentes grosores por lo que, dependiendo de donde vivas, podrás comprar uno de mayor o menor grosor. Lo ideal es que, sean del tejido que sean, tengan un tacto suave y ligero. Algo importante: para peques con piel atópica o muy sensible te recomendamos sacos que estén compuestos en un 90% o 100% de algodón transpirable. Por último, si no quieres que se formen las típicas bolas en el interior del saco, debes elegir los que cuentan con un tratamiento antipeeling.

Impermeabilidad

Para que la lluvia no arruine nuestro paseo es conveniente que el tejido exterior de la funda sea impermeable porque además de protegerlos de la lluvia, impedirá que pase el frío.

Adaptabilidad a la marca de tu silla de paseo.

Todas las marcas: Bugaboo, Maclaren, Jané, Chicco, etc. fabrican sus propios sacos, esto facilita mucho la elección ya que se adaptan perfectamente a la sillita, la desventaja es que suelen ser más caras que las fundas para silla de paseo universales.

Sacos para silla de paseo universales

Si lo que necesitas es que el saco se adapte a tu silla y te da igual la marca, existen diversidad de sacos universales, tanto para sillas ligeras como para carros de tres piezas. Algo esencial de los sacos universales es que dispongan de buenos agarres o cintas traseras para que el niño/a no se nos resbale.

Estética y colores

Existen sacos y fundas con todo tipo de estampados, colores y dibujitos, más modernos o más clásicos, para todos los gustos. Y no solo eso, hay marcas que te dan la opción de que el saco y el bolso vayan a juego. ¡Vas a ser la envidia del parque!

Precio de las fundas

El precio del saco muchas veces es definitorio, es lógico, tenemos muchos gastos en pañales, biberones, toallitas…en definitiva, cada vez que pisamos una farmacia, la tarjeta echa humo. Los precios oscilan desde los 40€ a lo que quieras pagar, como todos los productos para bebés que existen en el mercado.

Cómo hacer saco para silla de paseo

Si eres una manitas, ¡es tu mejor opción! En Internet hay gran cantidad de blogs y tutoriales que te enseñan a crear tu propio saco. Estas páginas ofrecen todo tipo de información sobre el patrón, los materiales necesarios, el tipo de tela y una serie de detalles muy prácticos para que la funda tenga la misma calidad que en las tiendas. Las ventajas son muchas: diseños exclusivos, precios económico y por supuesto, la satisfacción de haber creado algo por ti misma.

Saco para silla de paseo gemelar

No nos olvidemos de las mamás de gemelos. En cualquier tienda online encontrarás diseños para tu silla gemelar. Y aunque, más abajo os dejaremos algunos consejos, en el caso de gemelos – imaginamos que ya lo has descubierto- lo más importante es ser lo más práctico posible, no es lo mismo sentar a un bebé que a dos a la vez. Existen muchas tiendas online de bebés en las que puedes comparar marcas, precios, opiniones y modelos. Una de ellas es Janabebe, que destaca por sus sacos diseñados y fabricados en España y por una gran valoración por parte de los usuarios.

¿Cuál es el mejor saco para silla de paseo?

Después de haber leído lo anterior ya habrás elegido la opción que más te conviene pero, ¿Cuál es el mejor saco? Te dejamos algunos consejos:

Comodidad del niño o niña

Que el niño/a vaya cómodo. Realmente es el que va a disfrutar y pasar horas en el saco por lo tanto, si no le gusta o está incómodo, va a ser siempre una pelea meterlo. Tenemos que ponérselo fácil, elige siempre lo mejor para él. Algo muy útil son los bolsillos que tienen algunos sacos donde puedes guardar sus juguetes.

Que sea fácil de colocar

Un consejo: elige siempre lo más práctico, fácil e intuitivo, imprescindible para no tener que estar poniendo el tutorial de Youtube una y otra vez 🙂 Es esencial que:

– Tengan cremallera

Los sacos que tienen cremallera por ambos lados son siempre una buena opción, y mejor aún si la llevan en la parte inferior. Así, cuando el chiquitín tenga 2 o 3 años, podrá llevar los pies por fuera y evitarás que se le caigan los zapatos cada vez que lo saques.

– Ajustable en altura

Que el saco sea ajustable en altura para que no roce con las ruedas y se manche.

– Que las ranuras tengan velcros

Es muy importante que las ranuras tengan velcros para poner y sacar los cinturones o arneses sin necesidad de extraerlos de la silla. Además, existen sacos que incluyen una pequeña división en el centro para que puedas plegar tu carrito sin necesidad de quitarlo.

Que se pueda lavar en la lavadora

Las mamás y papás de hoy día tenemos poco tiempo y hay que optimizarlo -mucho ,muchísimo-, lo ideal es que el saco se pueda lavar en la lavadora y no tener que preocuparse por lavarlo a mano cada vez que tenga una mancha, que van a ser muuchas.

Que sea calentito en invierno y fresquito en verano

Que en invierno no tengas que ponerle mil capas, ni en verano sude la gota gorda. ¡Esto es todo! Esperamos haberte ayudado en la elección. Lo más importante ya lo sabes: que tanto él como tú, estéis cómodos en vuestros paseos diarios.

Niños retadores: ¿me está poniendo a prueba?

Hasta los dos años

Cuando los niños son muy pequeños no hay que buscarle muchas explicaciones, simplemente no son capaces de entender y recordar las normas. Hasta los dos años de nada sirve explicarle veinte veces que no puede acercarse a los enchufes; no nos queda otra que poner protectores y, en caso de que no los haya, retirarlo una y mil veces de la zona de peligro. A veces, con toda su inocencia, hacen algo que saben que está prohibido justo delante de nuestras narices mientras nos miran con una sonrisa picarona. Hay que tener en cuenta que a esta edad están explorando el mundo y estableciendo relaciones de causa-efecto de todo lo que les rodea y uno de sus objetos predilectos de experimentación somos… ¡nosotros! Juegan a ver qué pasa si… también en el comportamiento de los mayores.

 

¿Por qué lo hacen?

Cuando se trata de niños más mayores, que ya son capaces de entender lo que les decimos, hay que indagar qué puede haber detrás de su actitud desafiante:

  • Personalidad: Hay rasgos de la personalidad que son innatos y a los niños de temperamento fuerte puede costarles más seguir las reglas que a otros de carácter más templado. Como padres, debemos ayudar a nuestro hijo a que sea menos impulsivo y que, poco a poco, vaya entendiendo las consecuencias de sus actos. Pero también hay que valorarle mucho cuando nos obedece a la primera, porque le ha supuesto mucho esfuerzo conseguirlo.

  • Estilos de crianza: Muchas veces este tipo de comportamiento se asocia con demasiada permisividad o, mejor dicho, falta de coherencia en nuestras decisiones. Por ejemplo, si el niño pide algo y le decimos que no pero, a base de insistir, cedemos, ya ha aprendido que es lo que tiene que hacer y ahí hemos perdido la batalla, puesto que los niños pueden ser muy perseverantes cuando se trata de conseguir lo que quieren.

  • Un problema de base: Los malos comportamientos también pueden ser la expresión de un problema que esté afectando a la vida de nuestro hijo (bulling en el colegio, celos por el nacimiento de un hermano, llevar mal algún cambio…). Del mismo modo, problemas como la depresión infantil, la ansiedad o el TDHA también pueden manifestarse con expresiones retadoras.

 

¿Cómo actuar?

Con los límites debemos ser firmes. Cuando tenga un mal comportamiento debemos informarle de lo que va a pasar (“si vuelves a empujar a algún niño nos vamos a casa”) y, por supuesto, cumplirlo, aunque ese día nos toque un berrinche de los buenos. Ya sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo, pero ante comportamientos desafiantes lo ideal sería aplaudir lo bueno e ignorar lo malo. Si la actitud de nuestro hijo se hace insoportable para la familia o bien se prolonga demasiado en el tiempo tendremos que consultar a un psicólogo si pudiera haber un problema que se esté manifestando de esa manera.  

 

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Crisis de lactancia de los tres meses: la más complicada

Las crisis de crecimiento

El crecimiento del bebé no es lineal. Atraviesa momentos en los que necesita un aumento de la producción de leche materna. Esto se manifiesta en comportamientos como que quiera estar prácticamente todo el día mamando (durante unos cuantos días) o que parezca que se “pelee” con el pecho (se enfada, pega tirones, se engancha y se desengancha muchas veces…), parece como que no pudiera hacer ni una toma tranquilo. A los pocos días, la producción se regula y el bebé vuelve a mamar como antes, pero es importante conocer cuándo y cómo se producen estas crisis para estar prevenidas, ya que muchas mamás piensan que ya no tienen leche y esto puede llevar a la suplementación con fórmula y al abandono prematuro de la lactancia.

 

La crisis de los tres meses

Se ha estudiado que estos brotes de crecimiento suelen afectar a los bebés aproximadamente a la misma edad: a los 20 días, a las 6 semanas, a los tres meses, al año y a los dos años de lactancia. De estas crisis, la más peliaguda es la de los tres meses por varios motivos:

  • La madre no nota el pecho duro: A los tres meses, de forma natural, digamos que el pecho deja de ser un almacén para convertirse en una fábrica. Los pechos no almacenan la leche, sino que se “fabrica” en el momento en el que el bebé empieza a succionar, por lo que muchas madres asocian este cambio a una falta en el suministro.

  • Los bebés “se pelean” con la teta: Entre que el bebé empieza a succionar y a leche empieza a fluir pueden pasar alrededor de dos minutos. Hasta ese momento la leche empezaba a salir en cuanto poníamos al peque al pecho y muchos no toleran este cambio y manifiestan irritación.

  • Mama muy rápido y se distrae con una mosca: A los tres meses los bebés son expertos succionadores, capaces de extraer en solo unos minutos lo que antes tardaban una hora en sacar. Como se sueltan tan rápido, a la madre le da la impresión de que no ha comido suficiente. Además, esta etapa coincide con una explosión en el desarrollo de los sentidos. Los sonidos, las luces… todo es fuente de distracción durante las tomas, lo que puede hacer bastante caótico el momento de alimentarle.

 

¿Qué hacer?

La pregunta correcta sería ¿qué no hacer? Pues no hay que recurrir a biberones “de refuerzo”. Así solo conseguiremos que el pecho produzca menos leche y no será capaz de cubrir los requerimientos nutricionales del peque, con lo cual al final puede producirse un abandono progresivo de la lactancia materna a favor de la fórmula. Echarle paciencia, encerrarnos en casa unos días con el bebé y ofrecerle pecho a demanda es la mejor manera de atravesar estas crisis de lactancia exitosamente.

 

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El trastorno de ansiedad en los niños

¿Qué es el trastorno de ansiedad?

La ansiedad es un mecanismo de adaptación al medio en el que vivimos, una especie de sistema de alarma que hace que nuestro cuerpo y nuestra mente se pongan en alerta ante lo que nuestro cerebro interpreta como una situación peligrosa. Hay etapas en las que cierto grado de ansiedad sería completamente normal y parte de la evolución del niño, por ejemplo la angustia de la separación, que se desarrolla hacia los ocho meses, cuando el bebé aprende a diferenciar a sus figuras de apego de los demás (esto le hace evitar a los desconocidos, potencial fuente de peligro). Del mismo modo, ciertas dosis de ansiedad (por ejemplo subir al escenario el día de la función escolar) son fuentes de aprendizaje para los niños. Sin embargo, un pequeño que vive permanentemente angustiado, con miedo, o reacciona exageradamente ante estímulos normales del día a día, puede estar teniendo un problema que nos pase desapercibido porque pensemos que se trata de una fase más o parte de su personalidad.

 

En el colegio

Los niños que conviven con demasiada ansiedad en su vida pueden pasar desapercibidos porque no suelen ser niños con problemas de conducta o déficit de atención, algo que suelen detectar fácilmente los profesores. Por ejemplo, un niño con fobia a hablar en público por miedo a lo que los demás pueden pensar de él, podría evitar participar en clase, una conducta que puede interpretarse como falta de interés cuando no lo es. Antes que esperar y observar, una vez que se detecta el problema, se pueden hacer cambios para ayudarle a superar esas situaciones, por ejemplo ponerlo a trabajar en grupos pequeños con niños a los que ya conoce.

 

Importancia del temperamento

En el ámbito familiar-social, también podemos ver cómo los niños excesivamente tímidos o con miedo desproporcionado a los extraños pueden desarrollar conductas que les lleven a tener ansiedad social más adelante. La intervención de los padres, cuando se trata de niños pequeños, se basa en acompañar. Por ejemplo, si el peque tiene dificultades para relacionarse con niños de su edad, no es buena idea soltarlo en un cumpleaños infantil rodeado de barullo y de niños desconocidos. Los padres tienen que trabajar con él en ir exponiéndole poco a poco a las situaciones que le generan este estado, pero siempre partiendo de la presencia paterna, para que pueda ganar confianza poco a poco y coja práctica a la hora de enfrentarse a esas situaciones que le atemorizan o le hacen sentir inseguro.

 

Síntomas físicos

Los trastornos por ansiedad tienen su reflejo en la salud de nuestros hijos. En los niños muy pequeños, un exceso de ansiedad en sus vidas puede traducirse en problemas para dormir, llanto sin motivo aparente, pérdida de apetito, dolores abdominales, dolores de cabeza… En niños más mayores y adolescentes las manifestaciones pueden ir desde problemas de memoria, dificultades de concentración y atención hasta obsesiones, rituales…

 

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Inventan un cojín que corrige la posición del feto durante el parto

Mala posición

Cuando llega la hora del parto y la cabeza del bebé está mirando hacia arriba, esto puede traducirse en un parto instrumentalizado o cesárea. Consciente de ello, Vanessa Bueno, matrona de la sala de partos de hospital Vall d’Hebron de Barcelona, ha diseñado un cojín que consigue cambiar esta posición incorrecta del feto durante el parto: “Es un instrumento utilizable en todas las salas de parto que llega en un momento en el que en el 40% de los partos los fetos miran hacia arriba y la madre no logra llegar a dilatar”, ha explicado. La idea le vino tras participar en un ensayo clínico en el que se vio que las mujeres que pudieron elevar una pierna durante el trabajo de parto (ayudadas por una litera) tenían menos cesáreas y partos más fáciles.

 

¿Cómo funciona?

Lo único que tiene que hacer la embarazada es ponerse de lado y colocar el cojín entre las piernas. Así, al aumentar la apertura de la pelvis se ayuda a girar la cabeza del feto hacia abajo porque encuentra más espacio para salir. Así el parto será más rápido y más fácil. El cojín de momento solo está disponible en la maternidad de este hospital, pero se pretende que se comercialice, ya que no sólo aporta beneficios en el momento del parto, sino también en la última etapa del embarazo.

 

Mejor descanso

Además, el invento es útil durante el último trimestre del embarazo, ya que ayuda a la gestante a mantener muchas horas la postura decúbito lateral, la más recomendada durante esta etapa porque favorece la oxigenación del feto y reduce las bajadas de tensión de la madre. De hecho, se recomienda su uso también en las gestantes cuyos bebés están bien colocados, ya que al favorecer la apertura de la pelvis el feto tiene más espacio para salir.

 

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¿Depende mucho de ti? ¡Es normal!

El apego seguro

Las teorías del apego entre padres e hijos pueden resultar contradictorias: para conseguir un hijo independiente lo que tenemos que hacer durante los primeros años (sobre todo los primeros meses) es estar completamente disponibles para ellos. Muchas veces, cuando nos ven con el bebé en brazos, amigos o familiares nos recomiendan dejarlo en el cochecito o en la cuna “porque si no se acostumbra”, sugiriendo que dejando a los bebés solos favorecemos su independencia. Sin embargo, la teoría del apego dice lo contrario: si el bebé no es atendido inmediatamente cuando necesita atención, no desarrollará un apego saludable con sus adultos de referencia, lo que se traducirá en más demanda y un carácter más inseguro.

 

Fases y fases

El desarrollo de los niños no es lineal. Atraviesan fases, avances y retrocesos. A veces parece que necesitaran volver a “territorio seguro” para coger fuerzas y emprender su descubrimiento del mundo con más energía que nunca. Por eso es totalmente normal que ese niño al que hace unas semanas le encantaba explorar por su cuenta y nunca echaba la vista atrás para buscar a sus papás, de pronto nos lo encontremos pegado a nosotros como una lapa. Hay que respetar sus ritmos y entender que eso es lo que necesita en ese momento, apoyarle y, por supuesto, nunca ridiculizarle ni reírnos de él.

 

Nos necesitan

El ser humano es la criatura de la naturaleza que nace más desvalida. Hasta hay expertos que hablan de exterogestación (otros nueve meses en los que el bebé sigue “gestándose” fuera del cuerpo de su madre). Al contrario que el resto de mamíferos, nuestras crías son tan inmaduras, dependientes y vulnerables que no sobrevivirían sin nosotros. Al principio nos necesitarán para todas y cada una de sus necesidades básicas (alimento, abrigo, afecto…) y poco a poco (muy poco a poco) irán volviéndose cada vez más independientes al mismo tiempo que van adquiriendo hitos madurativos.

Cuando los vemos que empiezan a caminar, comer solos, hablar… y los vemos tan independientes corriendo por todas partes, puede parecernos que ya no nos necesitan tanto, pero esto no es así. Nosotros somos sus referentes en el mundo y lo seguiremos siendo durante muchos años. Nos siguen necesitando para que les alimentemos y les protejamos, pero también requieren de que interpretemos la realidad para ellos y necesitan esa contención emocional que solo nosotros sabemos darles. Este proceso, al ser tan complejo, dura toda la infancia (y más allá), de ahí que haya que tomárselo con calma.

 

Cómo ayudarle

En el proceso desde la dependencia más absoluta hasta la independencia (que no quiere decir desapego), hay muchas cosas que podemos hacer para orientar a nuestros pequeños:

  • No sobreproteger: Siempre que no se ponga en peligro su integridad física, a los niños hay que dejarlos que exploren libremente y sin miedos.

  • Normas y límites: Las normas claras dan seguridad a los pequeños y les permiten anticiparse a lo que va a pasar.

  • Tiempo de calidad y escucha: Los niños que son escuchados y a los que sus padres dedican tiempo “de verdad” desarrollan una autoestima sana que les permitirá alejarse y acercarse a ellos con confianza según su momento evolutivo.

 

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¿Cómo se desarrolla el lenguaje a los 3 años?

Los sonidos

Progresivamente, irán aprendiendo a pronunciar los diferentes fonemas o sonidos que conforman nuestra lengua, aunque los fonemas /d/ y /r/ pueden adquirirse más tarde. Todavía es normal que confundan algunos sonidos (por ejemplo “chapato” por “zapato”), pero en general se irá aumentando el número de palabras que son capaces de pronunciar correctamente.

 

Sintaxis

Los peques irán abandonando poco a poco las estructuras telegráficas (“mamá, agua”) para ir emitiendo frases cada vez más elaboradas. Al tiempo que ganan en expresividad, su capacidad para comprender conceptos abstractos es más elevada. Por ejemplo, para que nos cuenten lo que han hecho en el cole hasta ahora teníamos que hacerles preguntas cerradas, de respuesta sí o no. Sin embargo, a partir de ahora, pueden hacernos un sencillo resumen de lo que han hecho o contar historias con más detalles. Esta es una manera genial de estimularles para que desarrollen el lenguaje, pedirnos que nos cuenten historias que les permitan poner en palabras sus pensamientos.

 

Vocabulario

A partir de los 20 meses de edad y, aproximadamente, hasta los seis años, se produce una explosión del vocabulario de los niños. Los estímulos que les llegan aumentan (ya no se reduce solo a la familia, ahora también el cole o los amiguitos del parque). Aprovecha el cuento de antes de dormir para ir añadiendo nuevas palabras y frases hechas al vocabulario de tu hijo. Aunque esté bien adaptar las historias a su edad, no caigas en la tentación de cambiar todas las palabras que no sepa; aunque en ese momento no sea capaz de entenderla, a fuerza de escuchar muchas veces un vocablo nuevo acabará adquiriéndolo. En esta época empiezan a ser cada vez menos comunes las sobregeneralizaciones, o el hecho de llamar a todos los elementos de una misma categoría con el mismo nombre (por ejemplo utilizar perro para referirse a todos los animales de cuatro patas).

 

El uso del lenguaje

Como sabemos, todos los hitos evolutivos en los niños pequeños están interrelacionados. Si hasta ahora nuestro hijo ha utilizado el lenguaje básicamente para demandar aquello que necesitaba de nosotros, ahora lo hará de una manera mucho más “madura”, acorde con sus nuevas capacidades: sus logros en motricidad gruesa le servirá para descubrir el mundo y, por tanto, querrá satisfacer su curiosidad a base de preguntas, su mundo emocional se amplía y será capaz de poner nombre a sus emociones… A través del lenguaje se desarrollan facetas de su personalidad que obedecen al desarrollo integral del pequeño, por eso es tan importante que fomentemos el uso del lenguaje tanto comprensivo como expresivo.

 

Ya se puede diagnosticar

La edad de los tres años también es importante respecto a la adquisición del lenguaje ya que es el punto a partir del cual los expertos pueden diagnosticar un retraso en este área. Cuando hacia los tres años y medio, las personas que forman parte del núcleo más cercano del pequeño no le entienden cuando habla, definitivamente habrá que consultar con un especialista en el tema.

 

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¿Ya tienes el árbol puesto? Serás más feliz

Adelantarse a la tradición

La tradición manda que es el 8 de diciembre cuando se debe montar el árbol de Navidad. Sin embargo, en muchas casas ya estamos con el árbol y el portal de Belén montados, en algunos casos porque los niños lo han pedido insistentemente y, en otros, porque parece que así están más cerca esas fechas tan bonitas para todos. A partir de ahora tenemos la excusa perfecta para ser decoradores “tempraneros”: un estudio de la The Journal of Environmental Psychology ha concluido que tener espíritu navideño con mucha anticipación minimiza el estrés y la ansiedad, o sea, que básicamente nos hace más felices.

 

¿Por qué nos hace más felices?

Las navidades son unas fechas mágicas para los niños, que después recordamos como adultos con sentimientos positivos. Pues bien, esas decoraciones evocarán recuerdos felices y la nostalgia tiene el poder de eliminar lo negativo y proporcionar un estado de ánimo de tranquilidad, buen humor y solidaridad. En palabras de los propios investigadores: “En un mundo lleno de estrés y ansiedad, a la gente le gusta asociarse con cosas que los hacen felices y las decoraciones navideñas evocan esos fuertes sentimientos de la infancia. Las decoraciones son simplemente un ancla o camino hacia esas emociones mágicas de emoción de la vieja infancia.

¡Así que colocar esas decoraciones navideñas anticipadamente prolonga la emoción!”. Del mismo modo, el simple hecho de decorar nuestra casa nos conecta con nuestra infancia y ayuda a las personas que han perdido a un ser querido a sentirse más cerca de esa persona.

 

Qué dicen de nosotros

Pero más allá de que árboles y portales de Belén nos devuelvan a la niñez parece que, además, el hecho de que decoremos nuestra casa dice mucho de nosotros de puertas para afuera. Según la investigación, tener decoraciones navideñas hace que nos sintamos bien con nosotros mismos y con la gente que nos rodea. Por otra parte, la costumbre de decorar casa por fuera se considera de familias “amigables y unidas” y sus ocupantes serán más sociables y accesibles en la temporada de Navidad. ¿Sacamos el árbol?

 

 

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Tus regalos de Navidad 20% dto en los productos Stikets ¡Descubre los Nuevos Twinies®!

 

El proceso de compra es muy sencillo. En sus etiquetas puedes poner el nombre que desees, escoger una tipografía, un color e un icono. Como novedad este año, estrenan los ¡Nuevos Twinies®! Ahora puedes diseñar sus etiquetas con su propio icono. ¡Hay millones de posibilidades!

 

 

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En Stikets también encontrarás vinilos y medidores personalizados con el nombre que desees. Un regalo ideal para decorar cualquier espacio. Además, están fabricados en un material textil de alta calidad que los hace reposicionables. De esta forma los niños pueden jugar con ellos o puedes cambiarlos de sitio si quieres redecorar el espacio.

 

 

Los vinilos de pizarra son otro de los preferidos de los pequeños. Hay muchas divertidas formas donde escoger: una flor, un tren, una mariposa o una bonita casa. No ocupan espacio y se puede colocar en cualquier superficie lisa.

 

 

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Su noción del tiempo es diferente

Un concepto abstracto

Cuando los niños son muy pequeños es difícil que puedan entender qué es el tiempo, por mucho que papá y mamá hablemos de ello todo el día. Es un concepto abstracto que no pueden tocar, coger u oler y, en esta etapa en la que aprenden a través de los sentidos, les cuesta asimilarlo. Además, hay que tener en cuenta que ellos viven el presente. Cuando están montando una torre o haciendo una carrera con su coche favorito para ellos no hay nada más importante en el mundo, normal que nos pongan mala cara cuando les decimos que “se está haciendo tarde”.

 

¿Qué pueden entender a cada edad?

  • Hasta los dos años: Su concepción del tiempo es muy básica y está relacionada con sus necesidades fisiológicas. Básicamente diferencian entre el día y la noche. Es bueno que, desde que son bebés, establezcamos rutinas, por ejemplo a la hora de irse a dormir, para que vayan asimilando los horarios.

  • A los 3-4 años: Pueden entender la diferencia entre lento y rápido o entre antes y después. También empiezan a comprender las nociones de pasado y futuro, pero de forma general. Por ejemplo, pueden decir “ayer” para todo lo que ya ocurrió (ya sea la semana pasada o el año pasado) y mañana para referirse al futuro en general (lo que no va a ocurrir hoy).

  • A los 5-6 años: Seguramente en el cole les hayan enseñado los días de la semana y ya son capaces de entendernos cuando les decimos que vamos a hacer un plan el fin de semana. También tienen claro lo que es el antes y el después.

 

La hora de las comidas

Como hemos comentado antes, las rutinas ayudan a los niños a asimilar los conceptos temporales y, en este sentido, las comidas son una importante referencia, ya que dividen el día el “trocitos” más fáciles de abarcar. Si un niño va al cole o la guardería por la mañana y después de comer al parque o a casa de la abuela, ya es capaz de entendernos cuando le expliquemos “eso es después de comer”.

 

Ayudarles a aprender

Hay muchas situaciones cotidianas que podemos aprovechar para ayudar a los niños a entender ese concepto tan abstracto que es el paso del tiempo.

 

  • Calendario de adviento: Ahora que se acerca la Navidad, los calendarios de adviento son un buen recurso para que aprendan a diferenciar los días, con el aliciente de que consiguen su regalito. Si lo vuelven a pedir el mismo día les explicamos: “hoy no, mañana podrás abrir otra ventanita”.

  • Reloj de cuco: Los relojes de cuco no sólo son decorativos y útiles, sino también didácticos. Cada vez que suene podemos decimos a los niños qué hora es para que vayan asociando determinadas actividades con su hora. También sirven para calcular intervalos de tiempo: “cuando suene el cuco otra vez nos vamos al baño”.

  • Las estaciones: Conocer las estaciones les enseña a entender el paso del tiempo. Podemos explicarles qué pasa en cada estación a través de libros y complementar el aprendizaje realizando alguna actividad propia de ese período. Por ejemplo, ahora en otoño, ir a coger setas o hacer alguna manualidad con hojas secas.

 

 

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