Hasta los dos años

Cuando los niños son muy pequeños no hay que buscarle muchas explicaciones, simplemente no son capaces de entender y recordar las normas. Hasta los dos años de nada sirve explicarle veinte veces que no puede acercarse a los enchufes; no nos queda otra que poner protectores y, en caso de que no los haya, retirarlo una y mil veces de la zona de peligro. A veces, con toda su inocencia, hacen algo que saben que está prohibido justo delante de nuestras narices mientras nos miran con una sonrisa picarona. Hay que tener en cuenta que a esta edad están explorando el mundo y estableciendo relaciones de causa-efecto de todo lo que les rodea y uno de sus objetos predilectos de experimentación somos… ¡nosotros! Juegan a ver qué pasa si… también en el comportamiento de los mayores.

 

¿Por qué lo hacen?

Cuando se trata de niños más mayores, que ya son capaces de entender lo que les decimos, hay que indagar qué puede haber detrás de su actitud desafiante:

  • Personalidad: Hay rasgos de la personalidad que son innatos y a los niños de temperamento fuerte puede costarles más seguir las reglas que a otros de carácter más templado. Como padres, debemos ayudar a nuestro hijo a que sea menos impulsivo y que, poco a poco, vaya entendiendo las consecuencias de sus actos. Pero también hay que valorarle mucho cuando nos obedece a la primera, porque le ha supuesto mucho esfuerzo conseguirlo.

  • Estilos de crianza: Muchas veces este tipo de comportamiento se asocia con demasiada permisividad o, mejor dicho, falta de coherencia en nuestras decisiones. Por ejemplo, si el niño pide algo y le decimos que no pero, a base de insistir, cedemos, ya ha aprendido que es lo que tiene que hacer y ahí hemos perdido la batalla, puesto que los niños pueden ser muy perseverantes cuando se trata de conseguir lo que quieren.

  • Un problema de base: Los malos comportamientos también pueden ser la expresión de un problema que esté afectando a la vida de nuestro hijo (bulling en el colegio, celos por el nacimiento de un hermano, llevar mal algún cambio…). Del mismo modo, problemas como la depresión infantil, la ansiedad o el TDHA también pueden manifestarse con expresiones retadoras.

 

¿Cómo actuar?

Con los límites debemos ser firmes. Cuando tenga un mal comportamiento debemos informarle de lo que va a pasar (“si vuelves a empujar a algún niño nos vamos a casa”) y, por supuesto, cumplirlo, aunque ese día nos toque un berrinche de los buenos. Ya sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo, pero ante comportamientos desafiantes lo ideal sería aplaudir lo bueno e ignorar lo malo. Si la actitud de nuestro hijo se hace insoportable para la familia o bien se prolonga demasiado en el tiempo tendremos que consultar a un psicólogo si pudiera haber un problema que se esté manifestando de esa manera.  

 

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