Un concepto abstracto

Cuando los niños son muy pequeños es difícil que puedan entender qué es el tiempo, por mucho que papá y mamá hablemos de ello todo el día. Es un concepto abstracto que no pueden tocar, coger u oler y, en esta etapa en la que aprenden a través de los sentidos, les cuesta asimilarlo. Además, hay que tener en cuenta que ellos viven el presente. Cuando están montando una torre o haciendo una carrera con su coche favorito para ellos no hay nada más importante en el mundo, normal que nos pongan mala cara cuando les decimos que “se está haciendo tarde”.

 

¿Qué pueden entender a cada edad?

  • Hasta los dos años: Su concepción del tiempo es muy básica y está relacionada con sus necesidades fisiológicas. Básicamente diferencian entre el día y la noche. Es bueno que, desde que son bebés, establezcamos rutinas, por ejemplo a la hora de irse a dormir, para que vayan asimilando los horarios.

  • A los 3-4 años: Pueden entender la diferencia entre lento y rápido o entre antes y después. También empiezan a comprender las nociones de pasado y futuro, pero de forma general. Por ejemplo, pueden decir “ayer” para todo lo que ya ocurrió (ya sea la semana pasada o el año pasado) y mañana para referirse al futuro en general (lo que no va a ocurrir hoy).

  • A los 5-6 años: Seguramente en el cole les hayan enseñado los días de la semana y ya son capaces de entendernos cuando les decimos que vamos a hacer un plan el fin de semana. También tienen claro lo que es el antes y el después.

 

La hora de las comidas

Como hemos comentado antes, las rutinas ayudan a los niños a asimilar los conceptos temporales y, en este sentido, las comidas son una importante referencia, ya que dividen el día el “trocitos” más fáciles de abarcar. Si un niño va al cole o la guardería por la mañana y después de comer al parque o a casa de la abuela, ya es capaz de entendernos cuando le expliquemos “eso es después de comer”.

 

Ayudarles a aprender

Hay muchas situaciones cotidianas que podemos aprovechar para ayudar a los niños a entender ese concepto tan abstracto que es el paso del tiempo.

 

  • Calendario de adviento: Ahora que se acerca la Navidad, los calendarios de adviento son un buen recurso para que aprendan a diferenciar los días, con el aliciente de que consiguen su regalito. Si lo vuelven a pedir el mismo día les explicamos: “hoy no, mañana podrás abrir otra ventanita”.

  • Reloj de cuco: Los relojes de cuco no sólo son decorativos y útiles, sino también didácticos. Cada vez que suene podemos decimos a los niños qué hora es para que vayan asociando determinadas actividades con su hora. También sirven para calcular intervalos de tiempo: “cuando suene el cuco otra vez nos vamos al baño”.

  • Las estaciones: Conocer las estaciones les enseña a entender el paso del tiempo. Podemos explicarles qué pasa en cada estación a través de libros y complementar el aprendizaje realizando alguna actividad propia de ese período. Por ejemplo, ahora en otoño, ir a coger setas o hacer alguna manualidad con hojas secas.

 

 

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